Peatones y Reclamación de Accidentes

Cada año fallecen más de tres mil personas en España como consecuencia de imprudencias y errores al volante. El carnet por puntos, unas normas más duras y las campañas de prevención consiguieron descender el número de siniestros. Los peatones son el grupo más indefenso y vulnerable. Cada año se registran en torno a 10.000 accidentes que tienen como víctima a uno o más peatones en zonas urbanas y se saldan con heridos leves, 2000 graves y 500 muertos como consecuencia de atropellos. Las idemnizaciones por accidente estás reguladas por ley y las víctimas tienen derecho a reclamar.

En 2004 entró en vigor la normativa de Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor y desde ese momento las idemnizaciones de un siniestro se basan en ese documento. El texto contempla infinidad de supuestos y asigna una cuantía para cada caso y se actualiza cada año en función del IPC para publicarse posteriormente en el BOE.

Según la gravedad de un accidente, el siniestro puede derivar en multitud de situaciones, no obstante, hay tres grandes grupos de daños por los que se puede reclamar:

1º) Fallecimiento

2º) Lesiones permanentes  con o sin invalidez

3º) Incapacidades temporales.

Un atropello deja una huella emocional en la propia víctima, en familiares y en amigos. No es lo mismo un deceso que un politraumatismo o un rasguño, es evidente pero pasar una situación similar cambia algunos aspectos. Sin llegar a una  situación extrema, los accidentes provocan un trauma y desarrollan el miedo, e l resentimiento, la impotencia y frustración  en la persona y en quienes le rodean.

Hay una consecuencias económicas importantes. La muerte súbita de una persona, su invalidez o las lesiones pueden determinar cambios sustanciales en la estabilidad del núcleo familar. La desaparición física del cabeza de familia o su incapacidad para trabajar influyen decisivamente  sobre los ingresos de la familia.

 

Si  la víctima sobrevive y  requiere de cuidados especiales, o si necesita un tiempo largo para recuperarse de sus lesiones, no sólo no podrá trabajar, sino que también ocasionará gastos médicos de tratamientos y servicios.

El perfil de la víctima es un factor relevante  que puede aumentar disminuir drásticamente  la cuantía económica para él o sus deudos. El fallecimiento de una persona de 35 años con pareja e hijos menores a su cargo, no es igual al de un anciano jubilado y viudo. Análogamente,   hay una diferencia sustancial entre una incapacidad permanente para quien gana menos  26.000 euros al año o esa misma secuela en alguien cuya remuneración es de  más de 88.000 euros anuales.

Cuando una persona fallece, se establece la configuración de su familia. El cónyuge, hijos, padres o hermanos tienen derecho a una indemnización. La Edad de la víctima y las edades de sus descendientes ,así como el grado de dependencia de sus familiares directos, el hecho de que los hijos sean menores o que la persona fallecida tuviera a sus padres o hermanos a su cargo. Si fuera éste el caso “y la víctima tuviera menos de 65 años”, al cónyuge le corresponderían 105.000 euros, 44.000 euros a cada hijo menor de edad y 8.800 euros a cada padre. Eso sí: las cuantías cambian de modo ostensible cuando el fallecido tiene más de 65 años. Al cónyuge le corresponderían 79.000 euros si la víctima es mayor de 65 años y 52.000 euros si tiene más de 80 en el momento del accidente.

Cuando la reclamación no es por muerte sino por lesiones permanentes e incapacidades temporales, todo cambia .Cobra especial importancia la gravedad de las lesiones. Se establece una amplia gradación que va desde un pequeño golpe hasta un traumatismo con secuelas físicas o psicológicas que permite valorar infinidad de escenarios. La desventaja es  que es una valoración subjetiva por parte de especialistas, sujeta complejas negociaciones. Debe de haber un consenso entre el médico del afectado, el médico forense y los especialistas de la aseguradora. En caso de no haber consenso, la última palabra la tendrá un juez.

Siempre se tendrán en cuenta los factores de correccíon que influirán en la cuantía final:

El más importante son los  ingresos netos anuales de la víctima, la idemnización variará en función de la capacidad de hacer dinero de la víctima, tener una discapacidad previa al accidente, perder el bebé durante el embarazo a raíz del atropello, ser una persona separada con derecho a pensión o, incluso, el tipo de profesión de la víctima. En el caso en que la fuente de ingresos dependa del aspecto físico del afectado y si las lesiones son visibles y permanentes, afectarán de modo directo a su fuente de ingresos.

La presencia de un abogado asegurará el logro en el abono de  los gastos de la asistencia médica u hospitalaria, los gastos del funeral, si fuera el caso, o el cambio de la indemnización por una renta vitalicia para el afectado o para su familia.

Un estudio realizado por la Universidad de Salamanca y la Dirección General de Tráfico indica que, en los pasos de peatones que no tienen semáforos, el causante del accidente es un vehículo, estacionado en el paso o porque el conductor no se detiene mientras el peatón cruza. Por el contrario, en los pasos de peatones regulados con dispositivos, el origen del conflicto se encuentra  en la conducta de los peatones, que no siguen las marcas o bien cruzan cuando el semáforo no está en rojo.

Gran parte de los siniestros ocurren a lo largo del día por vías bien acondicionadas. Los datos recogidos confirman que el peatón presupone que el vehículo se detendrá cuando se aproxime al paso y el conductor entiende que el peatón no cruzará la vía al verle llegar. Por lo tanto, respetar las normas y las señales de tráfico, evitaría gran parte de éstos accidentes.

Reclamar como peatón en caso de accidente

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